Por dónde empezar
Para caerle bien a tu gato, deja que dé el primer paso. Extiende la mano, baja y quieta, para que la huela. Si se frota contra ella, acaríciale las mejillas y la barbilla tres segundos y para: ¿quiere más? Juega con él a diario, mantén una rutina estable y no lo persigas, no lo levantes para mimarlo ni lo castigues. Para que se suba a tus piernas, siéntate en un sitio cálido con una manta y espera a que venga.
Deja que tu gato dé el primer paso
Espera a que tu gato venga a ti. Siéntate o agáchate para no quedar por encima de él, y ponte un poco de lado. La organización International Cat Care explica que el gato te ve menos amenazante de lado que de frente.
Luego extiende la mano, baja y quieta. Si tu gato quiere saludarte, se acercará a olerla y quizá frote la mejilla contra tus dedos. Es buena señal: te está dejando su olor.
Si en un minuto o dos no se ha acercado, ahora mismo no quiere que lo toquen. No lo sigas cuando se aleje. Puedes dejar la mano extendida un poco más, por si cambia de idea.

Dónde les gusta a los gatos que los acaricien y dónde no
A la mayoría de los gatos sociables les gusta que los toquen en la base de las orejas, en las mejillas y, a algunos, debajo de la barbilla. En las mejillas y la barbilla tienen glándulas de olor y suelen frotarlas contra las cosas, así que una caricia ahí no les parece una amenaza.
Ve con cuidado por el lomo, los costados, las patas y la cola, y fíjate en cómo reacciona. La barriga y la base de la cola, mejor no tocarlas. Cuando un gato se tumba panza arriba, te está mostrando confianza. La organización británica Cats Protection llama a rascarle la barriga en ese momento «la mayor traición».
Acarícialo con suavidad y a favor del pelo.
Acaricia tres segundos y haz una pausa
A la mayoría de los gatos les gustan las caricias cortas y suaves, con pausas. Acaricia unos tres segundos y retira la mano. Si tu gato empuja la cabeza contra ella o se frota contigo, sigue. Si no, puede que necesite un descanso.
Esta pausa forma parte de las pautas CAT de la doctora Lauren Finka, de la Universidad de Nottingham Trent: dale al gato elección (Choice), presta atención a su lenguaje corporal (Attention) y piensa dónde lo tocas (Touch). En un estudio en Battersea, un refugio de Londres, 100 gatos conocieron a 120 personas desconocidas, antes y después de que ellas aprendieran las pautas. Tras la formación, los gatos pasaron menos tiempo en contacto con la gente, pero se frotaron contra ella más a menudo. Y la proporción de gatos que bufaron, gruñeron, dieron un zarpazo o mordieron al menos una vez bajó del 27 % al 16 %.
Señales de que tu gato quiere parar: las orejas se aplanan o giran hacia atrás, la piel del lomo se ondula, la cola empieza a sacudirse, se lame la nariz, se acicala de golpe unos segundos, o se queda quieto y deja de ronronear. Para en ese momento, antes de que llegue el zarpazo. Los adiestradores de Battersea advierten que, si solo paras cuando el gato ataca, aprende que atacar es la mejor manera de que pares.
Prueba el parpadeo lento
Los gatos parpadean despacio a las personas con las que se sienten a gusto: entornan los ojos, los cierran un momento y los vuelven a abrir. Tú puedes responder igual. Investigadores de las universidades de Sussex y Portsmouth comprobaron que los gatos respondían con más parpadeos lentos cuando su dueño les parpadeaba despacio que cuando solo estaba en la habitación sin interactuar con ellos. Y cuando lo hacía una persona desconocida, los gatos se acercaban más a su mano tendida que cuando ella ponía cara neutra.
Para hacerlo, entorna los ojos como en una sonrisa relajada y luego ciérralos un par de segundos. Así lo describe la profesora Karen McComb, que dirigió el estudio junto con Tasmin Humphrey. Después, aparta la mirada un momento: a los gatos les puede incomodar que los miren fijamente a los ojos.
Si tu gato te devuelve el parpadeo, es una respuesta amistosa. Aun así, no es necesariamente una invitación a acariciarlo.
Juega con tu gato cada día
El juego te permite acercarte sin tocarlo. Lo ideal son tres o cuatro sesiones al día, de no más de cinco minutos cada una. Una caña de juguete, es decir, un palo con plumas o un ratoncito colgando de un cordel, mantiene tus dedos lejos de sus uñas.
Mueve el juguete como si fuera una presa, con movimientos bruscos e imprevisibles. Deja que lo atrape más o menos una de cada tres veces que salta, y termina siempre con una captura. Jugar libera hormonas del bienestar, y si juegas con tu gato a menudo, empezará a asociar esas buenas sensaciones contigo.
Los gatos son velocistas, así que un minuto de persecución intensa ya es un buen resultado. Muchos están más activos al amanecer y al anochecer. No uses las manos ni los pies como juguete. Olvídate también del puntero láser: perseguir un punto que nunca puede atrapar le frustra. Y guarda la caña al terminar.

Comida y una rutina estable
A los gatos les gusta saber qué viene después. Dale de comer, juega con él y acarícialo más o menos a las mismas horas cada día: los gatos se sienten más tranquilos y seguros cuando saben qué esperar. Si tienes que cambiar la rutina, hazlo poco a poco, a lo largo de unas semanas.
La comida, además, es el premio que más valoran casi todos los gatos. Les interesa mucho más la comida que los elogios, así que, cuando tu gato venga a ti, un trocito de su comida del día dirá más que un «muy bien». Si intenta agarrarte los dedos en cuanto ve comida, deja el premio en el suelo, a tu lado.
Reparte la ración diaria en varias comidas pequeñas: los gatos necesitan comer poco y a menudo.
Sitios para esconderse y para subir
Cuando un gato está estresado, se esconde, y esconderse le ayuda a calmarse. Deja varios escondites por la casa: una caja de cartón, una cama tipo iglú, el hueco debajo de la cama.
También se sienten más seguros en alto, desde donde pueden vigilar la habitación. Sirven estantes, un árbol para gatos, el alféizar de una ventana o una caja resistente sobre un estante.
Nunca saques a tu gato de su escondite: molestarlo ahí puede dañar su confianza en ti. Mantén también la calma en el resto de la casa. Habla bajito y di algo al entrar en una habitación, para no despertarlo de un susto.
Gatos tímidos, nuevos o adoptados: dales tiempo
Algunos gatos seguros de sí mismos hacen amigos en minutos. A los más nerviosos les puede llevar varias semanas o meses, y un gato que tuvo poco o ningún contacto con personas cuando era pequeño puede tenerles miedo siempre.
Un gato en un hogar nuevo puede tardar unas semanas en relajarse. Empieza con una habitación tranquila con comida, agua, arenero, un escondite y un sitio en alto. Si se esconde, déjalo. Siéntate en silencio en la misma habitación, háblale con suavidad y deja que se acerque cuando quiera.
Que se esconda al principio es normal, siempre que coma, beba y use el arenero. Si es demasiado tímido para comer, acerca el comedero a su escondite y sal de la habitación. Si sigue estresado mucho tiempo sin dar ni un pequeño paso adelante, consulta al veterinario.
Un gato que aún no quiere caricias puede tener ganas de jugar. Prueba a mover despacio una caña por el suelo, a uno o dos metros de él, y mira si la acecha.
Cómo hacer que tu gato se siente en tus piernas
Hay gatos de regazo y gatos que no lo son. Uno es feliz en tus piernas mientras lo acaricias y otro prefiere sentarse cerca, con su propio espacio. Y a algunos les gusta estar en tus piernas, pero sin caricias.
Lo que sí puedes hacer es convertir tus piernas en un buen sitio. Los gatos buscan calor, y tu regazo es uno de los lugares cálidos que eligen, igual que los sitios donde acabas de estar sentado. También les atrae lo suave y mullido, y un gato que confía en ti encuentra consuelo en las cosas que huelen a ti. Así que elige un sitio del sofá, siéntate ahí cada tarde y ponte una manta suave sobre las piernas.
Después quédate quieto y entretenido con algo tranquilo: lee o mira una película. Una compañía así de tranquila deja que el gato elija si acercarse, sentarse a tu lado o tumbarse en tus piernas. Premia cada paso con un trocito de comida: sentarse a tu lado, una pata en la manta, después las cuatro. Así enseñan los adiestradores de Battersea cualquier hábito nuevo: premian cada pequeño paso hacia él en cuanto ocurre.
Cuando se acomode, acarícialo poco o nada, y déjalo irse cuando quiera. Nunca lo subas a tus piernas ni lo sujetes ahí. Cats Protection explica que la mayoría de los gatos solo están cómodos en brazos un minuto o dos, y desaconseja enseñar a un gato a dejarse levantar solo para darle mimos.
Si quieres un plan, el programa de Lapka «Cómo crear un vínculo que dure» va justo hacia esto: que tu gato venga a sentarse contigo sin que se lo pidas, a su ritmo.
Lo que aleja a los gatos
Levantar a un gato en brazos le quita la posibilidad de elegir. Los gatos suelen estar más cómodos con las cuatro patas en el suelo, porque así saben que pueden huir a un lugar seguro. A nosotros nos encantan los abrazos y los besos, pero International Cat Care advierte que a los gatos les pueden estresar.
Seguir a un gato que se aleja puede hacer que se sienta amenazado, sobre todo si acaba acorralado. Lo mismo ocurre si lo miras fijamente, te inclinas sobre él o vas directo hacia él, de frente o por detrás. Los ruidos fuertes y los movimientos bruscos también pueden asustarlo.
Nunca castigues a tu gato. En Battersea explican que los gatos no relacionan los gritos, un golpe o que los saquen de la habitación con lo que hicieron. Lo que relacionan es el mal rato contigo o con el sitio donde pasó, y el problema puede empeorar. Ofrécele algo que sí pueda hacer: un rascador para las uñas, una caña para saltar.
Por qué un gato de repente te evita
Un gato que de repente te evita, se esconde más o ataca cuando lo tocas puede tener dolor. Los gatos disimulan muy bien el dolor. Entre las señales, Cats Protection menciona tolerar peor a las personas, esconderse más de lo normal, dormir más y dudar antes de bajar de los muebles. Algunos gatos incluso ronronean cuando les duele algo.
Battersea añade que un gato con dolor puede dejar de subirse a la cama u otros sitios altos porque espera que le duela. Si tu gato ha dejado de subirse a tus piernas, puede ser por eso. Y el dolor de larga duración, como el de la artritis, a veces da muy pocas señales.
Si el comportamiento de tu gato ha cambiado, pide cita con el veterinario. Si sospechas que le duele algo, Battersea aconseja llevarlo lo antes posible. Algunas señales: se queja al moverse o al usar el arenero, cojea, come menos o se queda encorvado con los ojos entornados.
Notas de un dueño: tres semanas de caricias cortas
Semana 1. Dejé de levantarlo en brazos. Cada tarde me siento en el suelo y le tiendo la mano. Casi siempre la huele y se va. Cinco minutos con la caña de plumas antes de su cena.
Semana 2. Ahora frota la mejilla contra mis dedos. Tres segundos y paro. Dos veces volvió a meter la cabeza bajo mi mano.
Semana 3. Manta en las piernas mientras leo. El martes se sentó a su lado. El domingo se subió y durmió veinte minutos. No lo acaricié.
Al escribirlo, los pequeños pasos se ven: el primer roce de mejilla, la primera pata en la manta. De un día para otro es fácil pasarlos por alto.
Si no sale como esperabas
¿Cuánto tarda un gato en quererte?
Depende del gato. Un gato seguro de sí mismo puede hacerse tu amigo en minutos, y uno nervioso puede necesitar varias semanas o meses. Un gato en un hogar nuevo necesita además unas semanas solo para adaptarse. Fíjate en las pequeñas señales: la cola levantada cuando te ve, un parpadeo lento de vuelta.
¿Por qué mi gato quiere más a otra persona que a mí?
International Cat Care explica que los gatos prefieren caricias suaves y breves de personas predecibles, y que no les gusta que los sujeten mucho rato. Piensa en quién lo levanta en brazos, lo sigue o lo acaricia durante más tiempo. Deja que venga a ti y acarícialo poco rato. Y haz tuya una sesión de juego diaria.
¿Por qué mi gato me muerde cuando lo acaricio?
Muchas veces el mordisco llega después de señales más discretas que nadie vio: orejas hacia atrás, la piel del lomo que se ondula, la cola que se sacude. Quédate en las mejillas y la barbilla, con una pausa cada tres segundos. Para en cuanto aparezca la primera de esas señales. Si antes no mordía, pide al veterinario que descarte dolor.
¿Por qué mi gato se sienta a mi lado y no encima?
Sentarse a tu lado ya es elegir estar contigo. A algunos gatos les basta con tu compañía, sin contacto, y otros prefieren sentarse a poca distancia, con su propio espacio. Si quieres intentarlo con las piernas, empieza por un sitio cálido y una manta, y premia cada paso.
¿Es verdad que los gatos prefieren a quien los ignora?
En parte. International Cat Care recomienda quedarte quieto y dejar que el gato decida si se acerca. Pero cuando tu gato venga, respóndele: una mano quieta para que se frote y unos segundos de caricias en las mejillas.
Fuentes y lecturas adicionales
- Cats Protection — 10 tips to get a cat to like you
- Cats Protection — How do you pet a cat?
- Cats Protection — How to make friends with a nervous cat
- Cats Protection — 5 tips for keeping your cat happy
- Cats Protection — 6 ways to bond with your indoor cat
- Cats Protection — Why do cats like sitting on things?
- Cats Protection — How do you pick a cat up?
- Cats Protection — Bringing a cat home
- Cats Protection — Signs of pain
- International Cat Care — Handling and interactions
- International Cat Care — Cat Friendly Interaction
- International Cat Care — Playing with your cat
- Battersea — Cat training
- Battersea — How do I tell if my cat is in pain?
- Frontiers in Veterinary Science — Best practice handling guidelines during human-cat interactions (Haywood et al., 2021)
- Scientific Reports — The role of cat eye narrowing movements in cat–human communication (Humphrey et al., 2020)
- University of Sussex — Feline friendly? How to build rap-paw with your cat



