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Juego y conducta

Cómo presentar un gato a un perro si le tiene miedo

El perro mueve la cola en la puerta y tu gato está debajo de la cama, o encima del armario, y no quiere bajar. Te gustaría que algún día compartieran la casa sin que nadie se esconda.

Un maine coon atigrado marrón, sentado en el pasillo, observa a un perro tranquilo con correa a través de una barrera para bebés medio tapada con una toalla.

Por dónde empezar

Deja que tu gato marque el ritmo. Dale un cuarto donde el perro no pueda entrar, con sitios altos y un escondite. Intercambia sus olores con paños hasta que ninguno reaccione. Después, que se vean a través de una barrera para bebés, empezando por cinco minutos, con el perro atado. Juntos en un cuarto solo cuando los dos estén tranquilos, y con tu gato libre para irse. Si retrocede o bufa, no avances.

¿Pueden vivir juntos un gato miedoso y un perro?

Muchas veces, sí. Cats Protection, una organización británica de protección felina, dice que puede ser más fácil presentar un gato a un perro que presentar dos gatos. Según International Cat Care, las relaciones muy cercanas entre perros y gatos suelen venir de buenas experiencias tempranas con la otra especie y de presentaciones bien llevadas. Si tu gato ya ha vivido bien con un perro, eso puede facilitar las cosas.

Algunos gatos están mejor solos. La PDSA, una organización veterinaria británica, explica que si tu gato es nervioso en general, ha tenido malas experiencias o ya tiene problemas de salud relacionados con el estrés, quizá sea mejor que siga siendo el único animal de la casa: un perro nuevo podría causarle muchísimo estrés y hacerle enfermar. El perro también cuenta. Los terriers y las razas de persecución, como los galgos, pueden tener más impulso de perseguir. Y si el perro es muy excitable o le gusta perseguir gatos, la PDSA dice que quizá sea mejor no tener gato.

Apunta a la paz, no a la amistad. International Cat Care dice que el objetivo es que los dos vivan a gusto en el mismo espacio, cada uno a lo suyo, sin necesidad de mucha interacción.

Antes de conocerse: un cuarto sin perro para tu gato

Dale a tu gato un cuarto donde el perro no pueda entrar. Para un gato nuevo, Cats Protection recomienda un cuarto libre, lejos de electrodomésticos ruidosos y de las zonas con más movimiento de la casa, con una cama o una manta, un arenero, cuencos de comida y agua y un escondite, como una caja de cartón con agujeros. Si tu gato ya vive contigo, International Cat Care aconseja que su espacio seguro sea el sitio donde suele estar.

Los gatos se sienten más seguros en alto. Despeja la parte de arriba de un armario o una estantería, o pon un árbol para gatos, para que pueda mirar desde arriba. El perro tiene su propia zona de la casa, pero no tan pequeña que acabe frustrado.

Mantén la rutina de tu gato y sigue dedicándole tiempo, poco y a menudo: un rato de juego, un comedero rompecabezas, caricias si viene a pedirlas o una sesión corta de entrenamiento a solas contigo. Si a tu gato le gusta aprender trucos, un programa de Lapka planifica esos minutos y los ajusta después de cada sesión.

Si el recién llegado es el perro, Battersea aconseja tenerlos completamente separados al menos dos o tres semanas antes de empezar a presentarlos con cuidado. Un perro tarda en promedio tres semanas en relajarse y empezar a adaptarse a su nuevo hogar.

Intercambia sus olores antes de que se vean

Perros y gatos se fían mucho del olfato, así que deja que se conozcan primero por el olor. La RSPCA recomienda intercambiar olores incluso antes de que el animal nuevo llegue a casa. Toma dos paños limpios y espera a que cada uno esté tranquilo: la RSPCA dice que, si no, su estrés queda en el olor. Frota uno suavemente por las mejillas y la frente de tu gato, y el otro por las axilas y los costados del perro. Deja el paño del gato en la zona del perro y el del perro en el cuarto de tu gato, y que cada uno decida si olerlo, ignorarlo o alejarse.

Repítelo una vez al día para que el olor no se pierda. Más adelante puedes pasar los paños también por los muebles de la casa. Pon el paño del perro lejos de los cuencos de tu gato: International Cat Care advierte que puede ponerlo tan nervioso que deje de acercarse a ellos.

Cuando ninguno de los dos reaccione ya al olor, pasa al siguiente paso. Un gato miedoso puede necesitar más tiempo que el perro. Mientras tanto, sigue cambiando los paños.

Un maine coon atigrado marrón olfatea un paño doblado en el suelo de un cuarto libre, junto a una caja de cartón con un agujero recortado.

Cómo presentar un gato a un perro por primera vez

La primera mirada es a través de una barrera que deje ver pero no pasar: una barrera para bebés, una puerta de cristal o una puerta mosquitera resistente. International Cat Care propone tapar casi toda la barrera con una toalla, para que al principio solo se vean de reojo, y dejar bastante distancia entre ellos.

Que haya dos personas, una para cada animal. El perro, con correa y con premio por estar tranquilo. Un buen paseo antes le ayudará a calmarse, y según Battersea un mordedor duradero puede ayudar a mantenerlo tranquilo y ocupado. No lleves a tu gato en brazos hasta la barrera. Battersea aconseja esperar a que él mismo se eche a descansar en algún sitio fuera de su cuarto y entonces acercar al perro por el otro lado.

Empieza con cinco minutos. Si los dos siguen tranquilos, añade más o menos un minuto cada vez, durante varios días. Termina mientras sigan calmados. Cats Protection dice que es mejor acabar antes y con buen sabor de boca que seguir hasta que algo salga mal.

El primer encuentro en el mismo cuarto

Quita la barrera solo cuando los dos estén tranquilos detrás de ella. El perro, con correa, y que no alcance a tu gato ni con la correa estirada del todo. Cierra puertas y ventanas al exterior para que tu gato no salga corriendo a la calle. Tu gato necesita una salida y un sitio alto donde el perro no llegue, como una estantería o lo alto de un armario, y tiene que poder irse del cuarto cuando quiera.

Nunca sujetes a tu gato ni lo acerques al perro, y no lo metas en la caja de transporte. A muchos gatos ya no les gusta la caja de transporte, y encerrado no puede huir ni esconderse. International Cat Care dice que nunca hay que meter a un gato en una jaula para estos encuentros.

Atiende más al perro que al gato. Cats Protection explica que, si estás muy pendiente de tu gato, el perro puede pensar que el gato es algo muy importante. Pídele al perro que se siente o se eche y premia la calma. Dale premios a tu gato también, para que relacione al perro con algo bueno. Si tu gato se va corriendo, no dejes que el perro lo siga.

Que sea corto. A los pocos minutos, una persona se queda con el perro y otra mima a tu gato en otro cuarto. Battersea aconseja repetir estos encuentros cortos dos o tres veces al día los primeros días.

Un maine coon atigrado marrón observa desde lo alto de un armario mientras un perro con la correa floja está tumbado en la alfombra.

Mi gato le tiene miedo al perro nuevo: cuándo parar

Observa bien a tu gato. Cats Protection enumera las señales de estrés en un gato: retroceder, orejas hacia abajo, pupilas dilatadas, bufidos y zarpazos. Un gato relajado tiene las pupilas normales, las orejas hacia delante y el cuerpo suelto.

Mira también al perro. Un perro con miedo puede llevar la cola baja, enseñar el blanco de los ojos o gruñir. Uno demasiado interesado puede tirar mucho de la correa, clavar la mirada en tu gato o parecer a punto de perseguirlo. Si la correa se tensa, International Cat Care aconseja terminar y volver a intentarlo con más distancia entre ellos.

Si alguno reacciona con fuerza, no pases al siguiente paso. Deja que tu gato vuelva a su cuarto o se suba a un sitio alto y mire desde lejos. Puede que tengas que retroceder un paso, a la barrera o a los paños, y no pasa nada. No agarres a ninguno ni los regañes. International Cat Care dice que lanzarse a separarlos sube la tensión, y Battersea, que el castigo solo puede generar miedo.

Cómo presentar un gato miedoso a un cachorro

Con un cachorro sirven los mismos pasos, y empezar pronto ayuda. Un estudio de la Universidad de Tel Aviv en hogares con perro y gato vio que la relación parecía más amistosa cuando el gato llegaba a casa antes que el perro y cuando se conocían de pequeños: el gato con hasta 6 meses y el perro con hasta 1 año.

Los cachorros no paran, así que prepara la casa. Dale a tu gato muchos escondites en alto: Cats Protection dice que lo alto de los armarios y las estanterías es ideal. Una barrera para bebés, o una gatera en una puerta interior, le deja llegar a un cuarto sin perro. Pon la cama del cachorro lejos de las cosas de tu gato, y sube su comida y su arenero adonde el cachorro no llegue.

Antes de cada encuentro, que los dos hayan comido, porque un animal con la tripa llena está más relajado, y saca al cachorro a dar un paseo largo y tranquilo. Evita los juegos de lanzar la pelota, que avivan las ganas de perseguir. Enséñale a sentarse o echarse y prémialo, haz sesiones cortas y repítelas. Y no te saltes ningún paso con prisas.

Cómo presentar un gato a un perro en un apartamento

En un apartamento pequeño se puede, pero tu gato sigue necesitando un cuarto propio. Battersea dice que, en un apartamento, lo ideal es que el gato tenga su propia habitación, con comida, agua, arenero, cama y rascador. Un arenero extra hace que no tenga que salir de su refugio antes de estar listo para ver al perro.

Si falta suelo, usa las paredes. Las estanterías, los muebles altos y lo alto de los armarios se convierten en vías de escape, y la PDSA propone árboles para gatos de varios pisos o repisas en la pared, para que tu gato vea desde un sitio seguro lo que pasa abajo. Una barrera para bebés en la puerta deja al perro fuera de su cuarto.

Pon la comida, el agua y el arenero lejos de las cosas del perro y fuera de su alcance, porque los gatos prefieren comer solos. Tampoco encierres al perro en un cuarto pequeño: Cats Protection advierte que un espacio demasiado reducido puede frustrarlo.

Cuándo pedir ayuda

Si tu gato sigue escondiéndose o bufando aunque hayas ido mucho más despacio, o el perro no le quita los ojos de encima, pide ayuda cuanto antes. Cats Protection aconseja ir primero al veterinario para descartar problemas de salud y luego pedir que te derive a un especialista cualificado en comportamiento felino. Es mucho más fácil llevar una presentación lenta que arreglar un mal comienzo.

No los dejes nunca solos juntos hasta que estés completamente seguro de que están a gusto y tranquilos el uno con el otro. En algunas casas un perro y un gato nunca llegan a tolerarse, y Cats Protection dice que entonces puede que haya que mantenerlos separados.

Ejemplo: dos semanas de notas

Día 2: cambiamos los paños. Ella olió el del perro y se fue con las orejas bajas. Él lamió el de ella.

Día 6: durmió al lado del paño de él. Primera sesión en la barrera, casi toda tapada con la toalla, 5 minutos. Se quedó en la estantería, orejas hacia delante.

Día 10: barrera, 9 minutos. Bajó y se comió un premio a un metro de la barrera mientras él mordía su mordedor en la colchoneta.

Día 13: primer intento en la sala de estar, perro con correa. Ella retrocedió y se subió al armario. Paramos a los tres minutos y volvimos a la barrera.

Unas notas así muestran dónde está hoy el límite de tu gato y si se va moviendo. Aquí la barrera funciona y el cuarto compartido llegó demasiado pronto, así que lo siguiente es más tiempo en la barrera.

Si no sale como esperabas

Mi gato le tiene miedo a mi perro: ¿qué hago?

Primero dale espacio y altura: un cuarto sin perro, una estantería alta, una caja para esconderse. Después vuelve a un paso en el que estaba tranquilo, como los paños o la barrera, y quédate ahí más tiempo. Nunca lo fuerces a acercarse. Si sigue asustado incluso a ese ritmo, empieza por el veterinario y luego pregunta por un especialista cualificado en comportamiento felino.

¿Cuánto tarda un gato en acostumbrarse a un perro?

Depende mucho. Battersea dice que conseguir que el perro esté tranquilo sin correa detrás de la barrera puede llevar unos días, semanas o meses, según el perro, y que un gato nuevo puede tardar más en adaptarse cuanto menos seguro sea. La PDSA lo resume así: cada gato y cada perro se adapta a lo nuevo a su propio ritmo.

¿Es normal que mi gato le dé un zarpazo al perro?

Un zarpazo de aviso en el hocico es del todo aceptable, según Battersea, siempre que estés listo para intervenir si el perro responde. Por eso la correa sigue puesta en los primeros encuentros. Los zarpazos también son una señal de estrés en el gato, así que, si se repiten, ve más despacio.

¿Qué es más fácil, presentar un gato a un perro o a otro gato?

Cats Protection dice que puede ser más fácil presentar un gato a un perro que presentar dos gatos. Puede ayudar que los dos hayan tenido buenas experiencias con la otra especie, sobre todo de pequeños.

¿Puedo dejar solos a mi gato y a mi perro?

No hasta que estés completamente seguro de que están a gusto y tranquilos juntos. La PDSA aconseja vigilarlos siempre que estén juntos, por si acaso. Aunque se lleven bien, tu gato sigue necesitando sitios para estar solo, en alto o en un cuarto donde el perro no llegue.

¿Importa quién llegó primero, el gato o el perro?

Puede que sí. En el estudio de la Universidad de Tel Aviv, que usó cuestionarios a los dueños y visitas a sus casas, la relación parecía más amistosa cuando el gato se adoptó antes que el perro. Si el perro llegó primero, los pasos son los mismos. Dale a tu gato más tiempo en cada uno.

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