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Juego y conducta

Por qué mi gato me muerde y cómo evitarlo

La mayoría de los mordiscos tienen un motivo, incluso los que parecen salir de la nada. La caza dirigida a tus manos, unas caricias demasiado largas, el miedo y el dolor se ven distintos, y cada uno pide su propia respuesta.

Un Maine Coon atigrado oscuro juega con una caña y un juguete alargado mientras la mano de una persona se mantiene a distancia

En pocas palabras

El motivo más común es el juego: tu gato dirige sus movimientos de caza a tus manos y pies. Otros mordiscos indican que las caricias duraron demasiado, o nacen del miedo, la frustración o el dolor. Quédate quieto, retira la mano despacio y dale espacio; después lleva la caza a un juguete y haz caricias cortas, y si los mordiscos son nuevos o repentinos, consulta primero con tu veterinario.

¿Qué tipo de mordisco es?

Los mordiscos rara vez salen de la nada, aunque lo parezca. A menudo hubo señales que pasaron desapercibidas, así que fíjate en el contexto: qué hacía tu gato, dónde estaban tus manos y qué pasó justo antes.

El mordisco de juego llega con acecho, saltos y emboscadas. El de las caricias llega en mitad de los mimos, a menudo después de que la cola empiece a sacudirse. Un gato asustado suele agacharse, bufar y aplastar las orejas antes. Un gato que acaba de ver a otro por la ventana puede morder a quien se acerque. Y un mordisco nuevo en tu gato puede ser señal de dolor.

Cuando el gato muerde jugando

La agresividad en el juego es la más común de las que los gatos dirigen a sus personas. Se parece a la caza: acecho, persecución, emboscadas, saltos, agarres y mordiscos. Abrazarte el brazo y morderlo mientras patea con las patas traseras es un clásico de la caza: así sujetan una presa grande.

Es más frecuente en gatitos y gatos jóvenes, pero puede darse a cualquier edad. Los gatitos aprenden a morder con suavidad jugando con sus hermanos, así que uno criado solo quizá nunca lo aprendió. Un gato con pocas oportunidades de cazar, a menudo uno de interior, puede trasladar el juego a las personas. Antes de una emboscada, muchos gatos agitan la cola, pegan las orejas y dilatan las pupilas.

Saca manos y pies del juego

Mover los dedos bajo una manta o dejar que un gatito te persiga los pies parece inofensivo, pero le enseña que la piel es un juguete, y la costumbre sigue cuando ya tiene dientes y uñas de adulto. Pon una norma para toda la casa: manos y pies nunca forman parte del juego.

Si te agarra, quédate tan quieto y tranquilo como puedas: los movimientos bruscos y los ruidos fuertes hacen más probable otro mordisco. Retira la mano despacio, apártate y dale espacio. No lo empujes ni sigas tocándolo, porque puede tomarlo como más juego. Si te levantas y te vas, puede aprender que, si muerde, se acaba el juego.

Dale a la caza un objetivo mejor

Elige juguetes que mantengan tu cuerpo a distancia: una caña, una pelota lanzada por el pasillo o un juguete alargado lo bastante grande para abrazarlo y patearlo. Mueve la caña por el suelo con tirones rápidos e imprevisibles y deja que la atrape y la «cace» de vez en cuando, porque una presa inalcanzable frustra. Si usas un puntero láser, termina con la caña para que haya algo que atrapar.

Funcionan mejor los juegos cortos y regulares: uno o dos minutos están bien, los gatos necesitan jugar al menos dos veces al día y los jóvenes juegan encantados muchas más veces. Guarda las cañas y los juguetes con cuerdas al terminar y revisa su desgaste. Un comedero rompecabezas también da trabajo al instinto cazador a la hora de comer.

Si te ataca los tobillos, adelántate

Si tu gato te ataca los tobillos por sorpresa, busca el patrón: el mismo pasillo, la misma hora, el mismo escondite bajo la cama. Luego adelántate. Juega con la caña un poco antes, bloquea el escondite o cruza esa zona con la caña y un juguete colgando, para que el salto acabe en él y no en ti.

Si tu gato muerde cuando lo acaricias

Un gato puede pedir mimos, disfrutarlos y morderte un minuto después. Las caricias se vuelven desagradables cuando duran demasiado, van demasiado rápido, aprietan demasiado o tocan una zona sensible, y el mordisco es su forma de pararlas. Los gatos prefieren un contacto breve, suave y frecuente; las personas solemos dar mimos largos e intensos, pero menos a menudo.

El aviso suele llegar antes: la cola se sacude o golpea, la piel del lomo se ondula, las orejas se aplastan o giran, las pupilas se dilatan, se inquieta o se tensa, o gira la cabeza de golpe hacia tu mano. El ronroneo tampoco es garantía: un gato que ronronea puede agarrarte y morderte de repente si las caricias lo sobreestimulan. A la primera señal, para.

Caricias que sigan siendo agradables

Deja que empiece él: extiende la mano quieta y espera a que se frote contra ella. Acarícialo en las mejillas, la barbilla y la parte alta de la cabeza, donde a la mayoría les gusta, sentado a su lado y sin inclinarte sobre él. Si tiende a morder, lo más seguro es empezar entre los ojos y las orejas, la zona más alejada de la boca.

Acarícialo tres segundos, levanta la mano y espera. Si empuja contra tu mano, quiere más; si no, por ahora tiene bastante. No toques la barriga aunque te la enseñe: tumbarse panza arriba es un saludo, no una petición. Déjalo tranquilo mientras come, duerme, se esconde o juega, y quédate cerca cuando lo acaricien los niños, que suelen pasar por alto las primeras señales.

Un premio pequeño después de unas caricias suaves y tranquilas puede ayudar; alárgalas solo poco a poco.

Mordisquitos suaves y «mordiscos de amor»

A un mordisquito en mitad de los mimos se le suele llamar «mordisco de amor». Suelen ser bastante suaves, pero aun así pueden doler y dejar herida. Un mordisco suave mientras juegas con él o lo acaricias puede significar que está sobreexcitado o que quiere terminar el contacto; algunos gatos mordisquean un poco, saltan al suelo y se van.

Tómalo como una señal temprana para parar: haz una pausa, retira la mano despacio y deja que se calme. La próxima vez, acorta la sesión y termina antes del mordisco. Si suele llegar después de unas lamidas, nuestra guía sobre por qué te lame tu gato habla de ese patrón.

Miedo, frustración y mordiscos redirigidos

Un gato asustado prefiere huir y esconderse. Si se siente atrapado, morder es el último recurso, y antes suele bufar, agacharse, aplastar las orejas, abrir mucho los ojos o erizar el pelo. Déjalo alejarse, asegúrate de que siempre tenga dónde esconderse y no lo tomes en brazos, no lo sujetes ni intentes calmarlo con mimos: sujetarlo puede llevarlo a morder para soltarse.

Algunos mordiscos tienen un desencadenante que no viste. Un gato que ve a otro por la ventana, o que acaba de pelearse con otro de la casa, no puede llegar hasta la causa y se vuelve contra quien tenga más cerca, a veces horas después. No es rencor. No te acerques ni lo tomes en brazos cuando esté tan alterado; dale espacio para que se calme. Si el problema es el gato del vecino, una cortina o una lámina opaca en esa ventana puede ayudar.

Cuándo un mordisco puede indicar dolor o enfermedad

Cualquier animal puede reaccionar con agresividad cuando algo le duele, y los gatos son expertos en ocultar el dolor. Un gato dolorido puede morder cuando le tocan donde le duele, o incluso cuando espera que lo tomen en brazos. Un gato con artrosis, por ejemplo, puede no tolerar que le toquen las articulaciones, y los problemas dentales también pueden influir.

Consulta con tu veterinario si los mordiscos son nuevos, repentinos o raros en tu gato, si aparecen cuando le tocan una zona concreta o si vienen con otros cambios: se esconde o duerme más, come o bebe menos, le cuesta bajar de los muebles, se queda encorvado o se queja al moverse o al usar el arenero. Si el veterinario no encuentra una causa médica, pregunta por un especialista cualificado en conducta felina. Un plan de entrenamiento, también el de Lapka, va después de esa revisión, no en su lugar.

Si un mordisco rompe la piel, lávalo con agua tibia y jabón, cúbrelo con un apósito limpio y pide consejo médico.

Qué no hacer

No grites, no le des en la nariz, no lo rocíes con agua ni lo apartes de un empujón. El castigo, verbal o físico, puede hacer que tema a las personas y que muerda más, y un castigo doloroso puede desencadenar más agresividad. Tu gato difícilmente lo entenderá, y no le enseña qué hacer en su lugar.

Evita los juegos bruscos con las manos y nunca las metas para separar a dos gatos que se pelean. Premia lo que quieres ver: un premio pequeño en los momentos de calma le ayuda a aprender la alternativa.

Lleva una nota breve

Unas líneas después de cada mordisco te mostrarán el patrón: a quién mordió, dónde y cuándo, qué pasaba en la media hora anterior y qué estaba a punto de pasarle a tu gato. Añade qué hacían la cola, las orejas, la piel y las pupilas justo antes.

Después cambia una sola cosa cada vez, como jugar antes de la emboscada habitual o acortar las caricias, para saber qué ayudó. Lapka puede convertir el patrón que describes en un programa personal, y las notas de cada sesión guardan los detalles para el siguiente paso.

Una nota útil sobre un mordisco

Pasillo, 18:50, diez minutos antes de cenar. Antes: paso junto al dormitorio; ella, bajo la cama, agita la cola. Mordisco: tobillo, suave, sin herida. Al día siguiente: caña a las 18:40 y luego cruzo el pasillo con ella. Dos persecuciones, dos capturas, ningún ataque al tobillo. Siguiente paso: lo mismo mañana.

Anota lo que pasó justo antes del mordisco, no solo el mordisco. Una nota en la que nada funcionó también sirve: muestra qué paso facilitar.

Lo que más se pregunta

¿Por qué mi gato me muerde sin motivo?

Suele haber un motivo, aunque es fácil no verlo. Piensa en lo que pasó antes: la cola sacudiéndose durante los mimos, un gato agazapado antes de atacar los tobillos u otro gato tras la ventana poco antes, porque un mordisco redirigido puede llegar horas después. Si los mordiscos son nuevos en tu gato, consulta con tu veterinario: la causa puede ser el dolor.

¿Por qué mi gato me muerde suavemente?

Un mordisco suave mientras juegas con él o lo acaricias puede indicar que está sobreexcitado o que quiere que el contacto termine. Para, retira la mano despacio y haz la próxima sesión más corta. Aunque sean suaves, pueden doler y romper la piel, así que no los conviertas en un juego.

¿Por qué mi gato me muerde cuando lo acaricio?

A menudo porque las caricias duraron demasiado, fueron muy rápidas o tocaron una zona sensible, como la barriga o la base de la cola; un gato asustado o estresado también puede morder. Para a la primera señal, como la cola que se sacude o la piel que se ondula. Las caricias cortas en mejillas y barbilla, con una pausa cada pocos segundos, le dejan decirte cuándo seguir.

¿Le doy un juguete justo después de que me muerda?

Primero termina el contacto con calma y dale espacio. Si un mordisco siempre pone en marcha un juego emocionante, morder puede convertirse en la forma de conseguirlo. Ofrece el juguete antes, cuando veas que empieza el acecho, y juega a las horas en que suelen llegar las emboscadas.

¿Por qué mi gato me ataca los pies y los tobillos?

Los pies en movimiento son un blanco tentador, y un rincón junto a una puerta o debajo de la cama es buen sitio para emboscarse. Suele ser juego, a menudo en un gato con pocas oportunidades de cazar. Juega con la caña justo antes de la hora habitual y cruza esa zona con la caña y un juguete colgando, para que el salto acabe en él y no en ti.

¿Por qué mi gato me muerde a mí y no a mi pareja?

Depende del motivo. Un gato asustado puede desconfiar de una persona en concreto, quizá alguien nuevo en casa o alguien que lo asustó alguna vez. Si es por sobreexcitación, suele morder a quien pasa más tiempo con él, a quien antes le dejaba jugar con sus dedos, a quien más reacciona al mordisco o a quien no para de moverse.

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